Un día todas las herramientas de trabajo de Jesús tuvieron una asamblea.
El martillo hablo diciendo: “Yo quiero ser el presidente de todos ustedes”.
Las demás herramientas protestaron: “eres muy ruidoso y escandaloso, también te pasas golpeando todo.”
El martillo acepto su culpa y a la vez demando la renuncia del destornillador diciendo: “das demasiadas vueltas para conseguir algo”.
El destornillador dijo: es cierto, y estoy de acuerdo; pero exijo la renuncia de la lija porque “es demasiada áspera en su trato con los demás”.
Ok dijo la lija, pero si yo me voy, también tendría que marcharse el metro “ya que siempre está midiendo a los demás conforme a su medida, como si él fuera el único perfecto”.
En ese momento entro Jesús, y junto todas sus herramientas, y comenzando a trabajar con todas ellas hizo un bellísimo y maravilloso mueble…
Después de terminar su labor, coloco a todas sus herramientas sobre el mueble y les dijo: “Miren lo que juntas han hecho. Aprendan que todos ustedes tienen problemas y defectos – pero si permanecéis en mí, Yo os santificaré y trabajaré con todos vuestros dones, talentos y fortalezas – Así que en vez de fijarse en sus errores, deben de concentrarse en lo que yo puedo hacer con aquellos que permanecen en mí”.
Las herramientas entonces comprendieron que:
El martillo, es fuerte; el desarmador, une y da fuerza; que la lija, lima las asperezas y que el metro, es preciso y exacto...
Las herramientas finalmente entendieron que todas ellas eran parte de Jesús, y más que un equipo...eran un cuerpo de trabajo capaz de producir cosas de calidad para la gloria de Dios...y todas las herramientas se llenaron de gozo porque estaban al servicio del divino carpintero y podían producir mucho fruto al permanecer en Él.
El martillo y los clavos son herramientas que, aunque simples en su diseño, desempeñan un papel significativo en la vida de un cristiano. Estas herramientas no solo son metáforas de edificación, sino que también poseen una dualidad que invita a la reflexión sobre la manera en que se utilizan en la vida diaria.
En su esencia, el martillo representa la fuerza, la acción y la decisión que tiene la Palabra de Dios en nuestra vida. Es la herramienta que permite construir, establecer bases sólidas y crear un hogar. La Biblia nos anima a ser constructores del Reino de Dios; por ejemplo, en Filipenses 2:1-4, se nos exhorta a tener un mismo sentir y a trabajar en conjunto por el bienestar de los demás. En este sentido, el martillo simboliza el esfuerzo por edificar con amor, fe y unidad entre los nuestros, tal como un constructor cuida cada clavo que fija la estructura de su obra.
Sin embargo, el martillo también puede ser un instrumento de destrucción. En manos equivocadas, puede servir para causar daño, simbolizando el poder que el ser humano tiene para herir con palabras y acciones. Proverbios 18:21 nos recuerda que "la muerte y la vida están en poder de la lengua", lo cual indica que nuestras decisiones pueden afectar profundamente a quienes nos rodean. Los clavos, que fijan las estructuras, también pueden ser herramientas de detención, que limitan el avance si no son utilizados con sabiduría.
La Biblia nos aconseja discernir cómo utilizamos estas herramientas en nuestra vida cotidiana. Santiago 1:19-20 nos instruye a ser prontos para oír, tardo para hablar y tardo para airarnos, destacando la importancia de usar el "martillo" sabiamente. Así, el cristiano es llamado a edificar en amor y verdad, convirtiendo sus actos en una forma de glorificar a Dios y ser luz para los demás.
La analogía del martillo y los clavos sirven como recordatorios de nuestra responsabilidad. Al edificar, llevamos a cabo la obra que Dios nos ha encomendado, pero siempre debemos tener presente que nuestras acciones y palabras pueden tener un impacto profundo, ya sea para edificar o destruir.
Las herramientas, en este sentido, representan capacidades, dones y talentos que cada individuo aporta. La Biblia nos enseña que los creyentes reciben diferentes dones del Espíritu Santo, tales como la enseñanza, la sanidad, la profecía y el servicio. Cada uno de estos dones actúa como una herramienta específica, diseñada para edificar a la iglesia y llevar esperanza al mundo. Por ejemplo, un maestro puede iluminar la mente de otros, mientras que un servidor puede ofrecer apoyo práctico en momentos de necesidad. Así, cada herramienta, aunque diferente, tiene un papel esencial en la construcción espiritual y emocional de la comunidad. 1 Corintios 12:12-27 "todos los miembros se regocijan con él. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno individualmente un miembro de él."
Además, estas herramientas son activadas y guiadas por la sabiduría de Cristo. Al entregarnos a su dirección, permitimos que nuestros dones se usen de manera efectiva, alcanzando a aquellos que lo necesitan. Es crucial recordar que no somos dueños de estas herramientas; somos administradores que debemos usarlas con humildad y amor. Al hacerlo, no solo reflejamos la naturaleza de Cristo, sino que también inspiramos a otros a unirse a la misión de compartir el amor y la gracia de Dios.
En conclusión, reconocer que somos herramientas en las manos de Cristo transforma nuestra perspectiva sobre el servicio y la comunidad. Nos invita a colaborar en un propósito mayor, donde cada don y talento se convierte en un medio para glorificar a Dios y extender su reino en la tierra. Al aceptar este llamado, podemos ser agentes de cambio, llevando luz y esperanza a un mundo que tanto lo necesita.