Sin Cobertura: significa que un dispositivo no tiene conexión con una red de telecomunicaciones, ya sea una red de telefonía móvil o de Internet, porque está fuera del área geográfica donde el operador ofrece servicios o por problemas técnicos. Por lo cual, se impide realizar y recibir llamadas, usar datos móviles y enviar mensajes de texto.
Estimados lectores:
En la actualidad, la cobertura del celular móvil se ha convertido en un elemento esencial para mantenernos conectados en un mundo que avanza a velocidad vertiginosa. La capacidad de comunicarnos instantáneamente con amigos, familiares y colegas es un reflejo de nuestra necesidad innata de interacción y pertenencia. Sin embargo, a menudo pasamos por alto una cobertura aún más trascendental: la cobertura de Dios en nuestras vidas.
Así como contamos con sistemas que nos permiten estar siempre comunicados. De igual modo, podemos encontrar consejo y guía en la presencia divina. Esta "cobertura" espiritual nos protege, nos consuela en momentos de incertidumbre y nos proporciona fuerza ante los desafíos cotidianos. Al igual que una señal de móvil fuerte y constante, la conexión con Dios nos ofrece estabilidad emocional y espiritual, recordándonos que nunca estamos solos.
La cobertura de Dios es algo muy similar, está nos sirve como refugio para las tormentas de la vida. Cuando uno, como persona, decide alejarse o retirarse de la cobertura de Dios; Entonces nos distanciamos de Su protección y consejos para hacer lo bueno. porque su mensaje de amor y verdad es contaminado por un mensaje de miedo y mentiras, lo cual imposibilita que la Palabra de Dios pueda ser escuchada o transmitida a otros; por la ubicación en donde se encuentra la persona. Dificultando que su enseñanza llegue con buena recepción y nos permita entender y compartir su Evangelio de salvación de la manera correcta y segura para todos.
Es fundamental reconocer que, al igual que en la tecnología, en nuestra relación con lo divino también pueden surgir interrupciones o momentos de desconexión. No obstante, a través de la oración, la reflexión y la comunidad, podemos restablecer esa conexión y experimentar la paz que solo la cobertura de Dios puede proporcionar.
Reflexionemos sobre la importancia de ambas coberturas en nuestras vidas y busquemos fortalecer nuestro vínculo espiritual para enfrentar el día a día con mayor serenidad y propósito
En primer lugar, es fundamental considerar el origen de Halloween. Esta festividad tiene raíces en las antiguas tradiciones esotéricas de los Celtas, siendo inicialmente conocida como Samhain, una celebración que marcaba el final del verano y el comienzo del invierno. (el fin del ciclo agrícola y el comienzo de la temporada oscura, el invierno, símbolo de muerte) Era un tiempo en el cual se creía que los espíritus de los muertos regresaban a la Tierra. Desde esta óptica, Halloween se asocia con prácticas relacionadas con la brujería, la magia y la invocación de seres sobrenaturales, aspectos que son diametralmente opuestos a los principios cristianos.
La Biblia ofrece varios pasajes que abordan la importancia de alejarse de prácticas que promueven la oscuridad y la superstición. Por ejemplo, en Deuteronomio 18:10-12. Este texto revela claramente la desaprobación divina hacia las prácticas ocultistas. Así, al participar en Halloween, muchos podrían estar inadvertidamente asociándose con rituales que deshonran esta advertencia.
La brujería, los hechizos, la adivinación o el hablar con los espíritus, son condenados claramente en la Biblia. La palabra brujería en las Escrituras siempre se utiliza en referencia a una práctica perversa o engañosa.
En la naturaleza, el día y la noche se suceden de manera constante, recordándonos que después de cada periodo oscuro, llega un nuevo amanecer. Esta transición nos enseña que incluso en los momentos más difíciles, hay espacio para el cambio y la renovación. Cada uno de nosotros tiene la capacidad de ser una fuente de luz en medio de la oscuridad, ya sea a través de nuestras acciones, pensamientos o palabras. La luz símbolo de la santidad y la verdad.
En el contexto actual, es fundamental que los cristianos reflexionen profundamente sobre las celebraciones que eligen adoptar y perpetuar en sus comunidades. La celebración de Halloween, que a menudo glorifica lo siniestro y lo aterrador, presenta un riesgo significativo para la pureza del Evangelio y la identidad que los creyentes han encontrado en Cristo. Esta festividad, si bien puede ser vista como una simple expresión cultural, tiene la capacidad de desviar la atención de lo que verdaderamente nutre y edifica nuestra fe.
La luz no solo ilumina nuestros caminos, sino que también nos ayuda a ver más allá de las sombras que a veces nos rodean. Por otro lado, las tinieblas simbolizan la confusión, la ignorancia y, a veces, el miedo. En momentos de oscuridad, es fácil sentirse perdido, desanimado o sin dirección.
Al optar por una celebración que ensalza lo siniestro, los cristianos enfrentan el riesgo de diluir su identidad y su conexión con Cristo. Es fundamental reflexionar sobre cómo las festividades influyen en nuestra vida espiritual y en nuestra capacidad para ser luz en el mundo.
Es importante recordar que nuestra salud espiritual se ve directamente afectada por los ambientes y las actividades en las que elegimos participar. Al centrarnos en lo positivo y edificante, fortalecemos nuestra identidad en Cristo y, por ende, nuestra capacidad para ser faros de luz en un mundo que a menudo se encuentra sumido en la oscuridad.
Así que, en lugar de unirse a tradiciones que pueden diluir nuestra identidad cristiana, consideremos la posibilidad de crear nuevas costumbres que reflejen nuestros valores y nuestra fe. Al hacerlo, no solo fortalecemos nuestra relación con Dios, sino que también inspiramos a otros a descubrir la verdadera esencia de nuestro testimonio. Recordemos que, en cada celebración, nuestra prioridad debe ser glorificar a Dios y esparcir Su amor.