Representó un castigo directo a la diosa egipcia de la fertilidad Heqet, que era representada con cabeza de rana. Aquí, se pone en evidencia la inutilidad de sus divinidades frente a la autoridad divina de Yahvé.
La invasión fue tan severa que los egipcios no tenían lugar donde pisar y las ranas murieron, generando un hedor insoportable. A diferencia de otras plagas, los magos egipcios pudieron replicar este fenómeno a pequeña escala antes que el Faraón pidiera a Moisés interseder ante Dios por el fin de dicho caos; prometiendo librar al pueblo del cautiverio, pero no lo hizo una vez que la plaga cesó.
Pero, al mismo tiempo, es interesante observar que los magos de Egipto fueron capaces de realizar dos de las plagas. La primera: convertir el agua en sangre (Ex. 7:22) aunque la sangre, Dios no solo la concentró en el Nilo, sino también, a todas las fuentes de aguas (ríos,arroyos, estanques) algo sumamente dificil de igual,incluso para estos magos. La segunda: invocaron ranas sobre la tierra de Egipto (Ex. 8:7) pero nunca pudieron hacer que se fueran de sus tierras. Sin embargo, a partir de la tercera los hechiceros ya no pudieron recrearlas e imitar el poder de Dios con su arte secreto.
El libro del Exodo exalta la sabiduría y el poder de Dios por encima de cualquier religión creada por el hombre en este mundo. En Exodo vemos a Dios pactando con los sencillos del mundo, mientras aplasta a los que se creen poderosos en la tierra. Vemos a Dios engrandeciéndose contra los falsos dioses que pretendían robarle deshonrosamente su gloria.